Nuestra vida cotidiana está moldeada por la experiencia consciente. En ocasiones esta experiencia resulta placentera, como sentir la luz del sol en la piel, escuchar el canto de los pájaros o simplemente disfrutar de un momento de paz. En otras ocasiones, es doloroso, ya sea por una lesión física como lastimarse la rodilla en las escaleras o por luchas emocionales continuas como el pesimismo crónico. Esto plantea una pregunta fundamental: ¿por qué los seres vivos evolucionaron una forma de percepción que incluye placer, dolor e incluso sufrimiento intenso?
Albert Newen y Carlos Montemayor describen que la conciencia tiene tres formas distintas, cada una de las cuales cumple una función diferente: 1. excitación básica, 2. estado de alerta general y 3. una (auto)conciencia reflexiva. Según Newen, la excitación básica fue la primera en surgir en la historia evolutiva. «Evolutivamente, primero se desarrolló la excitación básica, cuya función básica es poner al cuerpo en estado de ALARMA en situaciones de peligro para la vida para que el organismo pueda mantenerse con vida», explica. El dolor juega un papel crucial aquí. «El dolor es un medio extremadamente eficaz para percibir daños en el cuerpo e indicar la amenaza asociada a su continuidad en la vida. Esto a menudo desencadena una respuesta de supervivencia, como huir o congelarse».
Cómo evolucionaron la atención y el aprendizaje
Un desarrollo evolutivo posterior es el estado de alerta general. Esta forma de conciencia le permite a un individuo concentrarse en una señal importante mientras filtra otras. Por ejemplo, si alguien está hablando con usted y de repente nota humo, su atención se desplaza inmediatamente hacia el humo mientras busca su fuente. Como explica Carlos Montemayor: «Esto permite conocer nuevas correlaciones: en primer lugar, la simple correlación causal de que el humo proviene del fuego y muestra dónde se localiza el incendio. Pero el estado de alerta dirigido también nos permite identificar correlaciones científicas complejas».
Autoconciencia y vida social
Los humanos y algunos otros animales van un paso más allá al desarrollar una (auto)conciencia reflexiva. En su forma más avanzada, esta capacidad permite a los individuos pensar en sí mismos, recordar el pasado y anticipar el futuro. También permite construir una imagen mental de uno mismo y utilizar esa imagen para guiar decisiones y planes. Newen señala: «La conciencia reflexiva, en sus formas simples, se desarrolló paralelamente a las dos formas básicas de conciencia. En tales casos, la experiencia consciente no se centra en la percepción del entorno, sino más bien en el registro consciente de aspectos de uno mismo». Estos aspectos incluyen estados corporales, percepciones, sensaciones, pensamientos y acciones.
Un ejemplo sencillo de conciencia reflexiva es reconocerse en un espejo. Los niños humanos suelen desarrollar esta capacidad alrededor de los 18 meses de edad. También se ha observado en ciertos animales, incluidos chimpancés, delfines y urracas. En esencia, la experiencia consciente reflexiva apoya la integración social y la coordinación con los demás, ayudando a los individuos a funcionar dentro de los grupos.
Lo que perciben los pájaros
La investigación de Gianmarco Maldarelli y Onur Güntürkün sugiere que las aves también pueden poseer formas básicas de percepción consciente. Su trabajo destaca tres áreas principales en las que las aves muestran fuertes similitudes con los mamíferos: la conciencia sensorial, las estructuras cerebrales subyacentes y las formas de autoconciencia.
Evidencia de experiencia sensorial en aves
Los estudios de conciencia sensorial muestran que las aves hacen más que reaccionar automáticamente a los estímulos. Parecen tener experiencias subjetivas. Cuando a las palomas se les muestran imágenes visualmente ambiguas, alternan entre diferentes interpretaciones, al igual que lo hacen los humanos. La investigación sobre los cuervos proporciona más pruebas. Ciertas señales nerviosas en sus cerebros reflejan lo que el animal percibe más que el estímulo físico en sí. Cuando un cuervo a veces detecta conscientemente un estímulo y otras no, células nerviosas específicas responden de acuerdo con esa experiencia interna.
Cerebros de pájaro y procesamiento consciente
Los cerebros de las aves también contienen estructuras que apoyan el procesamiento consciente, aunque su anatomía difiere de la de los mamíferos. Güntürkün explica: «El equivalente aviar de la corteza prefrontal, la NCL, está inmensamente conectada y permite al cerebro integrar y procesar información de manera flexible». Y añade: «El conectoma del prosencéfalo aviar, que presenta la totalidad de los flujos de información entre las regiones del cerebro, comparte muchas similitudes con los mamíferos. Por lo tanto, las aves cumplen muchos criterios de las teorías establecidas de la conciencia, como la teoría del espacio de trabajo neuronal global».
Signos de autopercepción en las aves
Experimentos más recientes indican que las aves también pueden mostrar formas de autopercepción. Si bien algunas especies de córvidos pasan la clásica prueba del espejo, otros estudios utilizan enfoques alternativos que reflejan mejor los comportamientos naturales de las aves. Estos experimentos revelan formas adicionales de autoconciencia en diferentes especies. Güntürkün señala: «Los experimentos indican que las palomas y los pollos diferencian entre su reflejo en un espejo y un miembro real de su especie, y reaccionan ante ellos según el contexto. Esto es un signo de autoconciencia situacional básica».
En conjunto, estos hallazgos sugieren que la conciencia no surgió recientemente ni exclusivamente en los humanos. Más bien, parece ser una característica antigua y generalizada de la evolución. Las aves demuestran que el procesamiento consciente puede ocurrir sin una corteza cerebral y que estructuras cerebrales muy diferentes pueden llegar a resultados funcionales similares.
Nuestra vida cotidiana está influenciada por nuestra experiencia consciente, que puede ser placentera o dolorosa. Esto plantea la pregunta de por qué los seres vivos evolucionaron una forma de percepción que incluye placer, dolor y sufrimiento intenso. La conciencia tiene tres formas distintas: excitación básica, estado de alerta general y conciencia reflexiva. La excitación básica es la forma más primitiva y se desarrolló para alertar al organismo de peligros, mientras que el estado de alerta general permite a los individuos concentrarse en señales importantes y filtrar otras. La conciencia reflexiva, que se desarrolló en humanos y algunos animales, permite a los individuos pensar en sí mismos, recordar el pasado y anticipar el futuro.
La investigación sugiere que las aves también pueden poseer formas básicas de percepción consciente, como la conciencia sensorial, las estructuras cerebrales subyacentes y las formas de autoconciencia. Los estudios muestran que las aves tienen experiencias subjetivas y pueden alternar entre diferentes interpretaciones de estímulos visuales ambiguos. Además, los cerebros de las aves contienen estructuras que apoyan el procesamiento consciente, aunque su anatomía difiere de la de los mamíferos.
La conciencia reflexiva en humanos y algunos animales permite a los individuos funcionar dentro de los grupos y coordinar con los demás. La autoconciencia también se ha observado en ciertos animales, como chimpancés, delfines y urracas, que pueden reconocerse en un espejo. La investigación en aves sugiere que también pueden mostrar formas de autopercepción, como diferenciar entre su reflejo en un espejo y un miembro real de su especie.
En conjunto, estos hallazgos sugieren que la conciencia no surgió recientemente ni exclusivamente en los humanos, sino que es una característica antigua y generalizada de la evolución. Las aves demuestran que el procesamiento consciente puede ocurrir sin una corteza cerebral y que estructuras cerebrales muy diferentes pueden llegar a resultados funcionales similares.
La conciencia es un tema complejo y multifacético que sigue siendo objeto de investigación y debate en la comunidad científica. Sin embargo, es claro que la conciencia es una característica fundamental de la vida y que su estudio puede proporcionar insights valiosos sobre la naturaleza de la mente y la experiencia humana.
En cuanto a la evolución de la conciencia, es probable que haya surgido como una adaptación para permitir a los organismos interactuar de manera efectiva con su entorno y aumentar sus posibilidades de supervivencia. La conciencia permite a los individuos percibir y procesar información, tomar decisiones y aprender de sus experiencias. En este sentido, la conciencia es una herramienta fundamental para la supervivencia y el éxito en un entorno cambiante.
La investigación en conciencia también tiene implicaciones importantes para nuestra comprensión de la inteligencia animal y la cognición en general. Si las aves y otros animales pueden experimentar conciencia, esto plantea preguntas sobre la naturaleza de la inteligencia y la cognición en estos organismos. ¿Cuáles son las limitaciones y posibilidades de la conciencia en diferentes especies? ¿Cómo se relaciona la conciencia con la inteligencia y la cognición en general?
En resumen, la conciencia es un tema complejo y fascinante que sigue siendo objeto de investigación y debate. La investigación sugiere que la conciencia es una característica antigua y generalizada de la evolución, y que las aves y otros animales pueden experimentar formas de conciencia. El estudio de la conciencia puede proporcionar insights valiosos sobre la naturaleza de la mente y la experiencia humana, y tiene implicaciones importantes para nuestra comprensión de la inteligencia animal y la cognición en general.
Algunas de las preguntas clave que siguen sin respuesta en el campo de la conciencia incluyen:
* ¿Cuál es la naturaleza exacta de la conciencia y cómo se relaciona con la actividad cerebral?
* ¿Cómo surge la conciencia en el cerebro y qué estructuras cerebrales están involucradas?
* ¿Cuáles son las limitaciones y posibilidades de la conciencia en diferentes especies?
* ¿Cómo se relaciona la conciencia con la inteligencia y la cognición en general?
La investigación en conciencia sigue siendo un campo activo y emocionante, y es probable que siga proporcionando nuevos insights y descubrimientos en el futuro. La comprensión de la conciencia puede tener implicaciones importantes para una variedad de campos, desde la psicología y la neurociencia hasta la filosofía y la ética.
En cuanto a la importancia de la conciencia en la vida cotidiana, es claro que la conciencia es una característica fundamental de la experiencia humana. La conciencia nos permite percibir y procesar información, tomar decisiones y aprender de nuestras experiencias. Sin conciencia, no podríamos interactuar con nuestro entorno de manera efectiva, y nuestra supervivencia y éxito dependerían de factores aleatorios.
En resumen, la conciencia es una característica compleja y multifacética que sigue siendo objeto de investigación y debate. La investigación sugiere que la conciencia es una característica antigua y generalizada de la evolución, y que las aves y otros animales pueden experimentar formas de conciencia. El estudio de la conciencia puede proporcionar insights valiosos sobre la naturaleza de la mente y la experiencia humana, y tiene implicaciones importantes para nuestra comprensión de la inteligencia animal y la cognición en general. La conciencia es una característica fundamental de la vida y su estudio puede tener implicaciones importantes para una variedad de campos.

